La Iglesia del Santo Cristo

El prodigio del sudor del Santo Cristo suscitó en el pueblo un gran movimiento de devoción hacia esta sagrada imagen. Pocos días después de los primeros sucesos, concretamente el 18 de marzo de 1661, los “paraires” suplicaban al vicario general que mandara recibir información con las debidas formalidades jurídicas, a fin de que quedara bien garantizada la verdad de los hechos.

El 27 del mismo mes de marzo se inició el proceso informativo. En el prestaron declaración bajo juramento cuatro sacerdotes como testigos presenciales. Este valioso documento se extravió a consecuencia de los disturbios y de la persecución religiosa de 1936, si bien siempre se conservaron copias auténticas del mismo. Felizmente reapareció el original, a raíz de la celebración del tercer centenario del sudor prodigioso en 1961. Ya en este proceso se hace mención del proyecto que tenían los “paraires” de edificar una iglesia o capilla, a fin de que en ella se pudiera venerar la prodigiosa imagen. El 24 de enero de 1662 la Universidad , o sea, el concejo municipal de Ciutadella, propuso que el ya muy venerado Santo Cristo, que estaba depositado en la iglesia de San Onofre, fuera trasladado al templo parroquial; pero esta propuesta no se hizo efectiva, puesto que el gremio de cardadores había ya iniciado la construcción de la nueva iglesia.

En vistas a comenzar la edificación del templo el gremio había adquirido una casa deshabitada y ruinosa existente en la actual calle del Obispo Vila, que por entonces se denominaba carrer nou. No se trataba de aquella casa en que se había producido el sudor prodigioso, sino de otra vivienda perteneciente a la herencia de Pedro Ferrer, y que antiguamente había sido propiedad de un tal Zapiña. Este nombre del primitivo propietario dio origen, probablemente, a que la gente del pueblo diera a ese inmueble el extraño apelativo de la casa de la piña. La comunidad parroquial de beneficiados, el monasterio de Santa Clara y el Real Patrimonio, en consideración al piadoso fin a que se destinaba el edificio, renunciaron a la percepción de unos menguados censo que percibían sobre dicha finca urbana. El rey Felipe IV, al hacer la expresada renuncia, puso la condición de que sobre la puerta de la futura iglesia se pusiera la figura de algún santo o bien el escudo real. Esto último fue lo que de hecho se realizó, colocando el emblema de armas del monarca, esculpido sobre piedra caliza.

El maestro cardador Pedro Sureda fue el principal promotor de la edificación de la iglesia. Para ello dentro de la ciudad y por el campo iba recogiendo limosnas, tanto en metálico como en especie, especialmente trigo, queso y corderos. A principios de febrero de 1662 para la obra del nuevo templo ya se estaban sacando piedras de una cantera. A pesar de las malas cosechas y de otras calamidades de aquel tiempo, ya en mayo de 1667 finalizaban los trabajos de construcción del sagrado edificio.

Hacia el año 1676 se construyó la pequeña sacristía. Poco antes se había edificado un local por encima de las bóvedas del coro y de la nave de la iglesia, en el cual desde entonces el gremio de cardadores celebraba sus juntas. A mediados del siglo XVIII se fabricó un pequeño camarín, al cual se subía desde el interior de la sacristía, con la finalidad de que los fieles pudieran ir a besar los pies del Santo Cristo.

El retablo barroco, de unos cinco metros de altura, que enmarca la figura de Cristo crucificado, consta de una predela que contiene un relieve en piedra, de un cuerpo central en el que se abre el camarín, y de un ático que contiene en el centro la pintura de un sudario con la representación de la santa faz de Cristo, coronada de espinas y caracterizada por una expresión de serenidad. Excepto el relieve de la predela, todo el retablo es de madera finamente esculpida y con una bella decoración en policromía y dorado. Parece que este retablo ya existía antes de la construcción del camarín y que puede ser datado como de finales del siglo XVII. La predela contiene un bajo relieve que representa un episodio de la pasión de Cristo, que podemos calificar como intermedio entre el descubrimiento de la cruz y la sepultura del cuerpo de Jesús. Es de piedra policromada y mide 66 x 140 cms. Posiblemente es un elemento más antiguo que el resto del retablo y que cabe considerar como una obra de finales del siglo XVI. Su inclusión en el retablo debió tener lugar al tiempo de su construcción.

La iglesia del Santo Cristo de Ciutadella es un bello edificio barroco, de unos diecisiete metros de longitud por unos ocho de anchura. Tiene un proporcionado crucero sobre el cual se abre una esbelta cúpula con linterna. La tribuna del coro se alza a la entrada del templo. Bóvedas de medio punto cubren todo el espacio de la iglesia. La decoración discreta y las adecuadas proporciones crean un clima de serenidad que favorecen el recogimiento para la meditación y la plegaria.

El pueblo de Ciutadella siempre ha tenido en gran estima esta pequeña y hermosa iglesia que custodia la venerada imagen de Cristo crucificado. En este recinto sagrado y ante esta santa figura de Jesús cabe meditar y saborear la preciosa reflexión que se lee en la Imitación de Cristo , libro que, según expresión del ya mencionado canónigo-arcipreste de la Catedral de Menorca, se esfuerza en impulsarnos al seguimiento de Cristo <por el camino real de la santa Cruz>:

¿Qué puede dar el mundo sin Jesús? Estar sin Jesús es un terrible infierno; estar con Jesús es un dulce paraíso. Si Jesús estuviere contigo, ningún enemigo podrá dañarte. El que halla a Jesús halla un gran tesoro, que en verdad sobrepuja todo bien; y el que pierde a Jesús, muy mucho pierde: más que si perdiese todo el mundo. Un preclaro compositor menorquín de música religiosa, D. Gabriel Salord Marqués Pbro., fundador de la Capilla Davídica , afirmaba que él se sentía particularmente inspirado cuando realizaba su labor de componer melodías religiosas en el ámbito ungido de piedad de la iglesia del Santo Cristo.